SUPERFICIALES ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?

Somos esclavos de la tecnología. Es más…soy esclava de la tecnología y nunca antes lo sospeché. Tan sólo la lectura de las primeras páginas del último libro de Nicholas Carr me han bastando para averiguar mi estúpida y encubierta adicción. Y, tal grado de dependencia me ha impedido, incluso, sumergirme de lleno en la lectura y la profundización de “Superficiales ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? debido, entre otros, a la falta de concentración en el propio texto y a la enorme distracción por las nuevas tecnologías.

Carr realiza un análisis exhaustivo sobre la evolución de los medios de comunicación y profundiza en las innegables consecuencias que la Red posee en nuestras mentes. Además, asegura que Internet ha cambiado nuestras vidas, nuestros comportamientos y nuestra capacidad de concentración por la descomunal influencia que ejerce a nuestro alrededor.

Asimismo, el periodista estadounidense asegura que la Red también ha modificado los patrones de percepción y concepción de la sociedad y de la cultura en general. A lo largo de su investigación, Carr se apoya en diversos autores y experimentos anteriores que le permiten argumentar y concretar su teoría, y, sobre todo, advertir del grave problema al que nos enfrentamos.

¿Qué ocurriría sin un día desapareciese la tecnología? Nos pasamos horas y horas literalmente pegados a una pantalla, ya sea de una computadora o de cualquier otro dispositivo; vivimos con ansia de información, queremos todo y a la vez nada; ambicionamos la instantaneidad, la accesibilidad, lo rápido y sencillo, lo barato…Las nuevas tecnologías nos ofrecen tantos beneficios y comodidades que, a veces, olvidamos sus inconvenientes. Por ello, Carr sostiene que Internet “es un medio que tiene un poder transformador y que influye nuestras mentes aunque no lo percibamos.”

De esta manera, según el autor la red modifica completamente nuestros pensamientos, acciones y conductas. No obstante, aunque seamos conscientes de la influencia y de los aspectos negativos que conlleva, en cierta medida, lo consentimos porque al equilibrar la balanza salimos ganando. ¿Ventaja o perjuicio? La red nos atrapa de manera sobrecogedora y modela nuestro pensamiento. Por ello, deberíamos sopesar ambas cuestiones porque “todos los beneficios tienen un precio”.

Carr manifiesta que asistimos a un momento crucial donde se debaten dos formas de pensamiento: simple y profundo. Nuestros hábitos mentales han cambiado y nuestra capacidad de concentración y de contemplación se ha debilitado por el uso continuado de Internet. ¿Cambia el modelo de pensar? ¿La red altera nuestros hábitos mentales?

Gracias a la plasticidad de nuestro cerebro, el pensamiento humano puede cambiar en función de nuestras experiencias. El cerebro se va adaptando fácilmente a las diferentes situaciones y se caracteriza porque tiende a la distracción. Por ello, se debe entrenar para poder controlar la atención.

¿El mundo de la pantalla o el de la página? El libro impreso requería una lectura y un pensamiento profundo y concentrado, con gran atención. En cambio, Internet ha fomentado la lectura breve definida por la información fragmentada, en pequeñas píldoras. La vida del hipervínculo y de los clics, de la instantaneidad y de lo multimedia, de las búsquedas rápidas, de lo efímero, de la irrupción, del despiste…la multitarea mental ha llevado a relegar a la palabra impresa y concentrada a un segundo término.

La principal consecuencia de nuestra dependencia de la Red es la pérdida de concentración y fragmentación de nuestro pensamiento. La Red ha experimentado una descomunal evolución y, por ende, ha dejado obsoletos algunos de los medios de antaño que están viviendo una obligada remodelación. ¿Desaparecerán los medios tradicionales?

Internet es multimedia: texto, imagen, sonido, vídeo…Todos los medios confluyen y se incorporan para formar un todo repleto de infinidad de posibilidades. Mientras tanto, las industrias culturales permanecen atónicas ante la caída de sus ventas. Sin duda, cada vez se va menos al cine, no se compran periódicos, ni CD ni DVD, porque todo, absolutamente todo, nos lo sirve la Red.

No obstante, aunque todos los productos físicos van perdiendo cada vez más fuerza económica y cultural, siempre habrá gente dispuesta a leer de auténticos libros o escuchar la buena música de los discos de vinilo.

Según Carr, la industria del libro es probablemente la más resistente a la influencia de la Red porque no ha cambiado tanto la propia forma del libro en sí. Por este motivo, defiende al libro impreso frente al e-book, que se convertiría “ en una página más y sus consiguientes distracciones que eso conlleva”.

El libro electrónico distraería muchísimo porque se conformaría de hipervínculos y del acceso a más información y, por ende, no prestaríamos atención y no recordaríamos lo leído.

McLuhan afirmaba en “Comprender los medios de comunicación” que: un medio nuevo nunca es una adición a otro viejo ni deja nunca al nuevo en paz. No deja de oprimirlo hasta forzarlo a una nueva forma y posición.

Pero, ¿Quién controla Internet? Google es la mayor empresa de Internet en todo el mundo. Y, su objetivo, desde el principio fue crear un motor de búsqueda perfecto para convertir la Red en un medio más eficaz.

Google busca organizar toda la información de la Red a través de enlaces. Cada clic de cada usuario le reporta dinero por publicidad, por eso, le interesa que los usuarios consuman la información rápidamente para que visitemos más enlaces y más páginas.

De este modo, Google también repercute en el pensamiento profundo porque los vínculos son un obstáculo para nuestro aprendizaje y “a medida que aumenta el número de vínculos disminuye la comprensión y la atención. Se da una desorientación por una sobrecarga de información.” “Google se dedica a convertir nuestra distracción en dinero” asegura Carr.

En definitiva, desde mi punto de visa, todo está controlado y encauzado hacia un mismo lugar donde desconectar no es una opción posible. De este modo, deberíamos mentalizarnos y utilizar la Red tan sólo como una herramienta más. La vida es algo más que Internet.

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Stop SOPA

Parada, stop.

Una vez más, la historia se repite. No obstante, no se preocupen porque la prohibición lleva a la renovación e invención de nuevas y mejores aplicaciones.

Desde sus comienzos, Internet se configura como un círculo vicioso con un idéntico fin; un juego de nobles y plebeyos, de dominadores y subordinados donde las reglas se establecen únicamente para saltarse. Conocido es el caso del nacimiento de Napster como un servicio que permitía el intercambio de archivos de música mp3 y su posterior cierre en 2001. Por ello, aunque se establecen barreras inmediatamente se construyen grandes avances.

En estos últimos días, hemos asistido a una gran controversia en torno a la denominada ley SOPA, un proyecto de ley que se discute en este momento en Estados Unidos. Según sus creadores, la susodicha nace con la finalidad de cesar con la piratería en línea y combatir el tráfico de contenidos con derechos de autor. Sin embargo, parece que nuestros vecinos están empeñados en desbaratar de raíz la cultura de “lo gratis”, creada a través de la red, y que tantas satisfacciones nos ha dado hasta el momento.

¿A favor o en contra? ¿Protegerá a la industria cultural o, por el contrario, la destruirá al perder la comunicación y el acceso fácil, directo y sencillo con sus usuarios? ¿SOPA es la verdadera solución para acabar con la piratería? A mi parecer, lo único que conseguirá será aniquilar la libertad de expresión con una cruenta censura. Nada más. Eh aquí, mi humilde y atrevido consejo: Si un modelo de negocio no funciona, ¡habrá que cambiarlo, no eliminarlo! La solución siempre está en la evolución y en el cambio. Por ello, las industrias culturales deberían reinventarse y amoldarse a los nuevos hábitos y costumbres de la mayoría de la población que navega diariamente por la red.

Todavía no sabemos las respuestas correctas…De momento, SOPA ya ha dejado su primera víctima con el cierre de la página de intercambio de archivos Megaupload. Así es, poco a poco el resto de páginas que contengan todo tipo de enlaces que permitan intercambios entre usuarios también irán desapareciendo. Así, mientras los dominadores imponen su autoridad y despotismo; los sublevados se rebelan e intentan infringir con nuevas artimañas para que renazcan nuevas opciones y nunca se pierda la cultura de “lo gratis”.

Personalmente, SOPA me cerraría todas las puertas y vías de acceso a cualquier tipo de información o contenido. Por tanto, NO podría comunicarme a través de las redes sociales, NO podría ver, compartir o descargar películas o libros, NO podría escuchar ni compartir música…y, además, sería literalmente espiada por los órganos de gobierno en busca de cualquier ilegalidad en mi persona. Adiós Google, Wikipedia, YouTube, Series Yonkis, Twitter, Facebook…entre muchas otras páginas. Sin links, no hay vida en Internet.

Por este motivo, los usurarios estaríamos completamente vigilados y espiados como si de un verdadero Big Brother orwelliano se tratara. Difícil escapar al nuevo totalitarismo en construcción y sin salida que se está configurando a nuestro alrededor. Sin duda, la cultura es de todos, pero ¿la cultura de internet es libre y de todos? Ante un futuro repleto de incertidumbre; el presente, y todo gracias a internet, nos deja a la generación que más cultura consume.

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